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miércoles, 25 de abril de 2012

SERAFINA NO CREÍA EN LAS BRUJAS

Serafina era una niña que no creía en brujas. No creía en las típicas brujas feas y viejas que vuelan en escobas y asustan a los niños, aunque está comprobado que existen.
Ni mucho menos creía en las brujas modernas, guapas y jóvenes, que visten vaqueros, fuman y bailan rock, y que también existen, y a montones.
Serafina se creía muy mayor. Ya no leía cuentos de hadas, príncipes encantados ni ranas que hablan.
Un día, en el cole, la profe anunció que el sábado iban a celebrar una fiesta de disfraces. Serafina se puso la mar de contenta y decidió disfrazarse de..... BRUJA.
L a fiesta estaba animadísima aquel sábado. Muchos chicos y chicas reían, jugaban, comían cortezas de cerdo y pasteles. Algunos disfraces eran estupendos.
Loa había de policías, de cantantes famosos, de héroes de los cuentos, como Tarzán o Heidi, y muchos de otros indios, payasos, futbolista,..... Incluso una niña se disfrazó de vaca.
En medio del jaleo, Serafina descubrió a otra bruja y sintió envidia. La otra bruja iba perfecta; con arrugas, uñas larguísimas, asquerosos colmillos amarillentos, y sombrero de cucurucho. Parecía de verdad.
Serafina se acercó a ella por la espalda. Quería descubrir que niña se había disfrazado tan súper. Así que le dio un buen tirón de pelos para arrancarle la peluca....
Entonces Serafina se quedó patidifusa.
¡ No era una peluca! ¡ Era una bruja de verdad!
La bruja sonrió malignamente a la pobre Serafina y le dijo con cavernosa voz:
- ¡Serás tonta....! ¡Te vas a enterar por cretina!
La pobre niña se desmayó del susto.
Todos pensaron que fue por culpa del calor o por un atracón de cortezas de cerdo. Porque nadie, sólo Serafina, había visto en la fiesta a la bruja de verdad. Para los otros era invisible.
Desde entonces Serafina pasaba mucho miedo por la noche y dormía con la luz encendida. Y a veces se le aparecía en sueños la bruja de la fiesta, con otras brujas que le movían la cama, apagaban la luz, le metían un pelo por la oreja y le hacían otras mil perrerías.
Una noche, las brujas la obligaron a beberse un brebaje marrón, dulzón y espumoso. Le dijeron que gracias a ese brebaje Serafina se convertiría en bruja al cumplir los trece años, como les había sucedido a otras muchas niñas.
A partir de entonces Serafina veía brujas por todas partes: la seño, la librera, la vendedora de pipas, la taquillera del metro,... todas le parecían brujas que fueron niñas que no creían en las brujas.
Serafina decidió librarse de aquel terrible embrujo y volvió a leer cuentos, montones de cuentos, como cuando era muy pequeña, porque entendió que su salvación estaba en los cuentos.
Pasaron varios meses y la niña seguía devorando como una posesa, todos los cuentos de la biblioteca, hasta que encontró lo que buscaba....... ¡EN UN CUENTO!.
Decía el cuento que los maleficios de las brujas se rompían de dos maneras: una, con el primer beso de un príncipe azul, Y OTRA, CON UN ELIXIR MÁGICO. ¡Y venía la receta!

Era esta:
MEDIO VASO DE AGUA DE LLUVIA CON UNA CUCHARADA DE ACEITE, UN TRÉBOL, UNA PATA DE SALTAMONTES VIUDO, UN BERBERECHO, UN LIMÓN EXPRIMIDO, UN DEDO DE LECHE, OTRO DE VINO, UN PELO CON TRES NUDOS, AJO EN POLVO Y AZÚCAR A DISCRECIÓN.
AGITASE ANTES DE USAR.
BEBER SÓLO UN TRAGO MIRANDO A LA LUNA Y GRITAR: ¡PUJICAMA!
DESPUÉS CEPILLARSE LOS DIENTES Y TOMARSE UN CARAMELO.

Serafina preparó el elixir, se lo bebió y dijo las palabras mágicas. Luego se quedó dormida.
Desde entonces, Serafina no tiene pesadillas. Pero ahora cree en las brujas. Tanto, que está buscando a su príncipe azul, por si no le hace efecto el elixir cuando cumpla trece años.
Y además, ahora, Serafina lee muchísimos cuentos.........   .


POR: RAQUEL PÉREZ 2ºB

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